Por un urbanismo común entre Alicante y Elche

JOSÉ RAMÓN NAVARRO. Las propuestas que se han ido sucediendo en los últimos veinte o treinta años para desarrollar desde un enfoque común el planeamiento del territorio Alicante-Elche no han prosperado («El Triangulo Alicante-Elche-Santa Pola»), o han languidecido sin pena ni gloria (PATEMAE). No se va a entrar aquí en las razones de ese fracaso, pero sí se puede afirmar que ninguna de ellas se apoyó en la sociedad civil de ambas ciudades. (*)

Y ahora, precisamente, es la presencia de la sociedad civil de Elche y Alicante la que está catalizando un nuevo clima de acercamiento entre las dos ciudades, como se pone de manifiesto en los encuentros, debates o manifiestos que se han sucedido en los últimos meses en torno a un territorio que ya no cabe en el antiguo concepto de «Área Metropolitana», y que ahora unos nombran empleando una metáfora mecánica, «Eje» Alicante-Elche, y otros, como la PIC de Alicante y el colectivo «Elche Piensa» se inclinan por el de «Ciudades Gemelas», más adecuado a la realidad territorial que designa.

Cuando se plantea avanzar en el entendimiento entre ambas ciudades con acciones concretas de cooperación y colaboración, se tiene claro que, a corto y medio plazo, debían de caracterizarse por no requerir costes altos, ni plazos largos para hacerlas visibles, y con amplia repercusión social en ambas ciudades. En este sentido, se propone que las acciones prácticas concretas se deberían de dirigir en tres líneas: Urbanismo y Medio Ambiente, Cultura y Turismo. A los encuentros que ya se han producido en torno a Cultura y a Turismo, se abre ahora una nueva posibilidad de entendimiento intermunicipal: el Urbanismo.

En Elche se están dando los primeros pasos para la puesta en marcha de la revisión de su Plan General de Ordenación Urbana; y han empezado muy bien: con reuniones entre Ayuntamiento y colectivos ciudadanos. Por su parte, Alicante tiene en la revisión de su planeamiento uno de los objetivos centrales de su política urbanística, proceso que debería ponerse en marcha sin más dilaciones. Por tanto se abre una oportunidad para establecer un espacio común de gobernanza territorial entre los dos gobiernos municipales y los diferentes agentes públicos y privados de la sociedad civil de las dos ciudades.

No se trata de proponer ningún Plan Director u otro Plan Estratégico, ya se ha visto que son inútiles; ahora, de lo que se trata es de iniciar, paso a paso, un nuevo camino para la construcción de un espacio físico que precisa de medidas y acciones de reequilibrio territorial.

La nueva legislación urbanística valenciana exige que el planeamiento municipal se desarrolle en dos fases o escalas, una primera, estructural y estratégica, y una segunda en la escala local y pormenorizada. El reto está en la primera escala. Lo que se propone es que los dos Ayuntamientos se sienten juntos y coordinen sus planes estructurales en torno a las tres redes básicas que constituyen el contenido esencial del mismo en el nivel estratégico: Espacios Abiertos (naturales, agrarios, paisaje, zonas húmedas?); Asentamientos (núcleos urbanos, pedanías, urbanizaciones, polígonos industriales, áreas logísticas?); Infraestructura de Movilidad y Servicios Básicos (trama viaria, ferrocarril, puertos , aeropuerto, red de agua y energía eléctrica?). Aunque el planeamiento en esta escala contiene básicamente determinaciones de orden físico, será necesario definir un escenario socioeconómico futuro a través de indicadores, como mínimo, de población, empleo y vivienda.

Entre los objetivos prioritarios que deberían de presidir una estrategia territorial común para el área funcional de Elche y Alicante deberían estar los siguientes:

1. Favorecer la diversidad del territorio manteniendo su matriz biofísica.

2. Proteger y poner en valor público los espacios naturales, agrarios, zonas húmedas, y definir el papel que debe darse al suelo no urbanizable.

3. Preservar el paisaje como un valor social y un activo económico del territorio.

4. Moderar el consumo de suelo, ajustándolo a las necesidades reales del crecimiento y a la capacidad de los recursos naturales no renovables.

5. Evitar la segregación espacial de los suelos consolidados, apostando por el crecimiento continuo y compacto.

6. Reforzar la estructura nodal del territorio a partir de los núcleos urbanos y de actividad existente, así como de las áreas de centralidad, tanto existentes como las nuevas que se proyecten.

7. Proyectar y dirigir las inversiones públicas y privadas priorizando sus potenciales como instrumentos de reequilibrio territorial .

8. Proyectar una red de transporte público como pieza integradora del territorio, y no con líneas concebidas desde una lógica dirigida a unir orígenes y destinos.

El territorio es el libro en el que se escribe la historia de los pueblos. El territorio es un espejo irreductible en el que se refleja la realidad cultural de un pueblo, y los objetivos anteriores están regidos por un concepto de territorio como un valor colectivo esencial en la vida económica, social y cultural de los ciudadanos que la habitan; se trata de una posición radicalmente distinta de cómo ha sido concebido el territorio en los últimos años por tantos políticos, empresarios y profesionales: un simple soporte de actividades, como un suelo en barbecho a la espera de ser urbanizado, en el que, decía el sociólogoJosé Miguel Iribas, el planeamiento tenía que ver más con la venta del territorio que con su gestión.

(*) Este artículo se publicó por primera vez en el diario Información en su edición del 20 de marzo de 2016.

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