Alicante, una ciudad en la UCI

JOSÉ MARÍA PEREA. La Plataforma de Iniciativas Ciudadanas de Alicante (PIC-Alacant) se dirige a nuestros convecinos cada año, en otoño, haciendo una reflexión para el curso político que se inicia. Aunque la reiteración del discurso parezca estéril no nos conduce a la melancolía. Menos en este 2013 que nos trajo, a las puertas del verano, la sentencia favorable en la causa instada por la PIC ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunidad Valenciana. La resolución judicial anuló el conocido como Plan Rabassa, origen del nacimiento de la Plataforma, en una lucha en los tribunales y en la calle que bien podría compararse con la de David frente a un triple Goliat (el promotor del plan, el Ayuntamiento de Alicante que lo apadrinó y la Generalitat Valenciana que lo acogió y amparó). (*)

La estación provisional del AVE en Alicante puede acabar convirtiéndose en una nueva "herida" en el tejido urbano de la ciudad

La estación provisional del AVE en Alicante puede acabar convirtiéndose en una nueva “herida” en el tejido urbano de la ciudad

El documento de reflexión de la PIC para el curso 2012-2013, publicado el 24 de octubre de 2012 en estas mismas páginas con el título La ciudad invisible en el tiempo de la crisis, analizaba la situación de la ciudad y de su Ayuntamiento y proponía un encuentro de asociaciones diversas para una toma de conciencia sobre los efectos de la crisis en las condiciones de vida de nuestros convecinos. Fieles a aquel diagnóstico, la PIC celebró análisis con varios colectivos sobre los efectos de la crisis en los hombres y mujeres de esta ciudad que culminaron, en las VII Jornadas de la Ciudad, con el Mapa de la Pobreza y la Exclusión Social, un esbozo de la desnudez de este tiempo y de las necesidades más urgentes y perentorias. Es un trabajo que necesita continuidad porque, como dejamos escrito entonces, «la presión global Europa, España, Comunidad Valenciana han dejado a Alicante, definitivamente, sin discurso, sin fondos y sin política».
La situación actual, ante el curso 2013-2014, es, si cabe, más dramática todavía, pese a los cantos de sirena de fin de la crisis con que pretenden adormecernos en estos días. «La dualidad se ha adueñado de todas las cuñas que abre el paro, la ausencia de inversiones o el recorte de servicios públicos», tal y como decíamos hace un año. La llegada del AVE no ha supuesto un punto de inflexión en la economía de la ciudad, aunque haya beneficiado a la actividad turística, porque ni desde el Ayuntamiento ni desde la Generalitat se ha aprovechado para una transformación de la escena urbana (el plan de ordenación del soterramiento está condenado a la parálisis ante la imposibilidad de plusvalías urbanísticas y la ausencia de inversión pública), ni para incidir sobre el resto del territorio dinamizándolo (están paralizadas las conexiones con el puerto, el aeropuerto-IFA y con la futura estación del AVE en Elche; son insignificantes las inversiones en los Presupuestos del Estado para las cercanías ferroviarias hacia la Vega Baja o el Medio Vinalopó o no tiene consignación el tren de la Costa hacia Benidorm-Las Marinas) ni para generar un nuevo espacio de potencialidad económica (la Generalitat ha dejado en el olvido la Zona de Actividad Logística al pie de Fontcalent al igual que ha sucedido con la ZAL prevista junto a la nueva estación pasante de Villena).

El futuro Plan General sigue en el limbo, sepultado por las sospechas sobre su elaboración y beneficiarios que se dilucidan en los Tribunales. La Ciudad de la Luz, en venta y sin enseñanza. La implantación de Ikea, arrastrada por la anulación del Plan Rabassa. La Casa Mediterráneo, convertida en un traspantojo de alquiler. El acceso sur, paralizado. El paseo marítimo hacia la Albufera, interrumpido al poco de iniciarse. El túnel de la Serra Grossa para el TRAM, cerrado, con lo que se imposibilita tanto el desarrollo de las actuales líneas de FGV (sin túnel no hay frecuencias que haga competitivas las líneas a Playa de San Juan, El Campello o la Marina Baixa) como la generación de nuevas conexiones del tranvía, anunciadas para Sant Joan y Mutxamel. El transporte metropolitano en autobús, amenazado de colapso ante los impagos e incumplimientos de la Generalitat y la escasez de recursos de los ayuntamientos. El patrimonio arquitectónico, deteriorado y en peligro, con la fuente de Luceros o los castillos de Santa Bárbara y San Fernando como expresión más evidente y conocida. La última idea de la concejala de Urbanismo de desgajar el catálogo de bienes protegidos de la tramitación del plan para al menos «sacar» algo, esperamos que tenga un auténtico proceso de participación pública, no como el PGOU que no lo ha tenido, y no sea una mera salida de urgencia para disimular el total fracaso de su gestión. El servicio de limpieza y recogida de basuras, al mínimo. La regeneración de la ciudad construida, paralizada tanto en las actuaciones del Patronato Municipal de la Vivienda en el casco antiguo de la ciudad (las viviendas y el aparcamiento del Portón, al pie de Santa Cruz, podría ser escenario para un documental sobre Damasco o Alepo) como en la rehabilitación de la Zona Norte, la más castigada por el paro y la pobreza y donde sólo una actuación integral y continuada puede evitar su desmembración social. ¿Hace falta seguir enumerando? El único hecho positivo ha sido la puesta en marcha, ¡por fin!, de la línea del Tram al Campus de la Universidad y San Vicente. Mientras, desmantelamiento por las administraciones públicas (Gobierno, Generalitat y Ayuntamiento) de los pilares del Estado del Bienestar: educación pública gratuita, sanidad pública universal, y ayuda a la dependencia.

La culminación de tanto desastre es la situación del propio Ayuntamiento. Paralizado políticamente por las imputaciones que pesan sobre la alcaldesa y alguno de los concejales del equipo de gobierno, ahora ya lo está del todo al acogerse al rescate del Ministerio de Hacienda. Hemos llegado al punto final de una quiebra anunciada tal y como expusimos el 28 de febrero de este año (Un presupuesto opaco, confuso, insolidario e ineficaz, ver INFORMACIÓN). La deuda acumulada con el ICO y entidades financieras, a lo largo de los 18 años en que gobierna la ciudad el Partido Popular, supera los ingresos por impuestos directos, indirectos, tasas, precios públicos y otros ingresos municipales. Una situación insostenible que ha llevado al equipo del PP a tirarse en los brazos, y designios, del Ministerio de Hacienda y de la Diputación (convenio con Suma para la gestión tributaria). Una hipoteca que, como sucedía en las viviendas, puede ser por 20 ó 25 años, y que condicionará el futuro de esta ciudad, y la salida solidaria y equitativa a la crisis, cualquiera que sean quienes dirijan la Casa Consistorial a partir de 2015. Apenas hay inversión del Estado para los próximos años y, tememos, tampoco de la Generalitat, igualmente en quiebra económica.

A menos de dos años de las elecciones municipales y autonómicas, esta es la herencia que se vislumbra: un Ayuntamiento «terminal» (como la rebautizada estación provisional del AVE) y con respiración asistida. En la UCI y con el peor de los pronósticos. Triste final al periodo más largo de gobernación de un partido en la democracia de esta ciudad. Revertir esa herencia, transformarla en progreso e ilusión, debería ser el objeto primordial de los ciudadanos organizados en el año y medio que falta hasta que hablen los vecinos en las urnas. En esa esperanza de futuro estaremos desde la PIC.

Firman también este artículo: Aracelí Pericás, Isidoro Manteca, Reme Amat, Manuel Alcaraz, Rafa Bonet, Séfora Bou, Pere Miquel Campos, Francisco Candela, Juan Castillo, Quico Consuegra, Armando Etayo, Pepe López e Ismael Vicedo

(*) Este artículo fue publicado en el diario Información el día 12 de octubre de 2012

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